Danza y Educación

La danza es un lenguaje universal que no necesita de idiomas. Habla de las cuestiones que un cuerpo puede padecer, sentir, desear, saber, … Lo que habla es el cuerpo condicionado por cientos de códigos que le preceden, condicionan y definen, y es precisamente el cuerpo en movimiento quien los puede representar, interpelar, reinterpretar, incluso transformar.

Al danzar se activa una compleja red de acontecimientos que traspasan la actividad física, pues el cuerpo se convierte en un receptor y trasmisor de información en constante interacción con el espacio, el tiempo, el esfuerzo, el placer y los otros.

Además, cuando bailamos en compañía, con la intención de danzar desde nuestros cuerpos, se ponen en marcha aspectos sociales y de auto identificación que dirigidos desde una perspectiva pedagógica son de gran valor en el desarrollo integral de las personas. La danza contribuye al desarrollo físico, intelectual y emocional de las personas (Fructuoso y Gómez, 2001), siempre y cuando se plantee desde el cuidado, la toma de consciencia, el disfrute y la reflexión.

 

Procesos creativos

 

A través de los procesos que propone el movimiento creativo podremos contribuir a la adquisición y el desarrollo de habilidades y destrezas básicas para la vida en general, que van desde tareas motrices como la coordinación, propiocepción y control postural; hasta aspectos sociales como la mejora de la interacción e integración de los grupos; pero la danza también va a suponer un camino hacia el autoconocimiento; para el desarrollo de la capacidad expresiva y creativa (García, Pérez y Calvo, 2011).

Rudolph Laban (1978), maestro de la danza moderna, destaca el valor de las artes del movimiento en su conjunto, como una experiencia de aprendizaje participativo que abarca aspectos sensitivos, emocionales e intelectuales. Concibe a la danza como un medio de formación, de expresión y de comunicación, que favorece el entrenamiento del espíritu crítico y de habilidades y recursos útiles, por lo que propone que debería ocupar un lugar más relevante en las escuelas (La Danza Educativa Moderna, 1978).

 

La danza como herramienta educativa

 

Proponer la danza como herramienta educativa dentro de las aulas conlleva, justamente, a desligarse de aquellas técnicas que enfatizan en el perfeccionamiento del movimiento (técnica), de la repetición y en el condicionamiento del movimiento al género de quien lo ejecuta. Apostando por aquellas danzas divergentes que enfatizan en el entrenamiento de la creatividad, el juego y la socialización (Padilla y Hermoso, 2003).

El valor de la danza en el aula es justamente la experiencia que supone su práctica, el proceso que plantea el carácter disruptivo de acercarnos a un movimiento que no dependa tanto de su forma (del virtuosismo de la ejecución técnica), y sí de su contexto. En la búsqueda de una forma propia de movimiento, sobre todo al inicio, el estilo debe ser lo más “neutro posible desde el punto estilístico y estético, hasta que el y la participante, hayan tomado conciencia de sí mismo, tanto corporal como afectivamente” (Nicolás, Ureña, Gómez y Carillo, 2010). Buscamos un movimiento consciente, tanto en su ejecución motora como en la conciencia de las emociones, ideas y códigos que se ponen en juego.

Juanma Ramírez

Juanma Ramírez

Director Creativo de Territorio Social

Arteducador, coreógrafo y bailarín profesional. Facilitador de experiencias artístico-educativas a través de la danza contemporánea y la creación artística como contexto para un aprendizaje trasversal.

Especializado en el trabajo artístico pedagógico con adolescentes y jóvenes tanto en educación formal como informal.

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